lunes, 23 de agosto de 2010

AMARGA EXPERIENCIA

AMARGA EXPERIENCIA
(CUENTO)

Aún recuerdo aquella amarga experiencia que viví y que me hizo reflexionar de ¿Por qué existen tantos Pacos Moncayos en el mundo, que siembran odio en el alma del humano. Que crean fronteras imaginarias. Que luchan por riquezas para unos cuantos?: Y el pueblo, y el mundo, y la hermandad: ¿Qué?...

--¡Tu cédula! – Me dijo enérgico un suboficial, cuando estaba en el Ecuador comprando mercadería.

--¡No tengo!- le respondí—Tengo Libreta Electoral- Eso bastó para que me acusaran de espía.

--¡Arrodíllate carajo!-- Exclamó un soldado, mientras con su Fal me propinaba un culatazo en la espalda. Me dobló los brazos hacia atrás. Me esposó. Me colocó un costalillo en la cabeza, a modo de venda. Y me sacaron a empellones rumbo al cuartel de Arenillas.

Allí, había otros cinco peruanos más. Eran las doce de la noche cuando me arrojaron a un camarote. Allí empezó mi Vía Crusis. Fuertes puños se estrellaban en la boca de mi estómago, en el hígado, en las orejas. Caía al suelo y me levantaban de un tirón de pelos.

--¡Cacarea, Gallina, de mierda!— Decían furiosos los soldados-- ¿Eres espía? ¿Qué haces acá en nuestro país?— Dos de ellos se subían sobre la barriga de alguno de nosotros y empezaban a saltar-- ¿Dónde están las armas y cuarteles del Perú?—Preguntaban y volvían a saltar sobre nuestros estómagos hasta dejarnos sin aliento, hasta desfallecer. De vez en cuando nos rociaban Sprite por la nariz que nos quemaba profundamente.

Era de madrugada cuando nos condujeron a una chacra, e hicieron calatear a uno de mis compañeros y lo tiraron de cabeza a un fango.

--¡Vas a morir, de aquí no sales, Gallina maldita!— Le decía, mientras le propinaban duros golpes en diferentes partes del cuerpo.--¡Ven!—nos decían-- ¡Así va a morir ustedes, sino cuenta lo que saben!—Pero no teníamos nada que contar...

Al amanecer nos llevaron al cuartel y me tocó el turno. Mi cuerpo se estremecía al recibir el fluido eléctrico. Sentía que enormes agujas taladraban mi cuerpo y millones de hormigas circulaban por mis venas. Me llenaban de preguntas. Respondía mentiras para librarme de tan cruel tortura. Por la tarde me llevaron a la chacra, me colocaron grilletes en los tobillos y me arrojaron al barro. Allí estuve, sin probar alimento, entre el lodo frío y las implacables picaduras de los zancudos. Al siguiente día, por la mañana, llegó la patrulla de soldados y el capitán al mando exclamó:

--¡Ya escarmentaste! ¡Cuenta lo que sabes!—Y al no recibir respuesta que satisfaga su inquietud, volvió a masacrarme. Cansados de su infructuosa empresa, me llevaron de regreso y por primera vez me sacaron la venda y me hicieron bañar. Luego me llevaron al despacho del Comandante para firma la devolución de mis pertenencias.

Nos subieron a una camioneta a sólo tres peruanos y nos iban dejando en diferentes lugares, cada cinco minutos. A mí me dejaron cerca de la comisaría de Huaquillas. Caminé hacia el Puente Internacional y me di cuenta que estaba resguardado por varios soldados ecuatorianos. De miedo regresé en busca de un hotel.

Eran las 2:30 de la mañana y ningún hotel me aceptada, a pesar que les ofrecía el doble de Sucres. Pues habían dado orden de no alojar a ningún peruano. Desesperado deambulé por las calles hasta que la providencia puso en mi camino a un hermano, a un ecuatoriano, a un hombre justo, que su solidaridad no tiene fronteras: Era don Jesús, anciano de 74 años, que me abrió las puertas de su corazón y las puertas de su humilde hogar.

--¡Entra, hijo! – Me dijo. Me dio de comer y me brindó su hospitalidad, sólo por esa madrugada.

El sonido de las sirenas me despertó. Eran las cuatro de la mañana. Los militares habían ordenado a todos los ecuatorianos salir a la puerta para una revisión, sin duda en busca de peruanos.

--¡Ándate, sino me acusan de traidor!—me dijo don Jesús. Salí corriendo en dirección al Puente Internacional. Desesperado me tiré al agua y nadé con desesperación y logré cruzar el canal. Corrí como una flecha hasta llegar a la comisaría de Aguas verdes. A las cinco de la mañana estaba rumbo a Tumbes. Atrás había dejado una amarga experiencia llena de terror...

Un grito se escucha a lo lejos: es el mundo que gime, que llora, que se tuerce de dolor, que clava sus uñas en la tierra pidiendo hermandad; pidiendo que hayan más “Jesús”, pidiendo que se borren de la tierra las ideas “Pacomontayescas” y que todos los hombres del planeta vivamos en unidad...

miércoles, 28 de julio de 2010

FELIZ DÍA PERÚ

Este 28 de julio en que celebramos el 189 aniversario de nuestra independencia nacional, debemos recordar que El amor al Perú debe expresarse de lo más hondo del corazón: De ese corazón que palpita, que vibra y se estremece cuando siente el amor inmenso por nuestro terruño, de nuestro suelo, de nuestra patria; “MADRE BENDITA”, que incubó en los corazones de nuestros antepasados el valor, el pundonor y el ideal libertario: Héroes conocidos y anónimos que con su sangre tiñeron de rojo nuestro suelo patrio. Este noble ejemplo debe ser la guía que enrumbe nuestras vidas, para que nuestro querido PERÚ sean un país, grande y próspero, que nos lleve al bien común y una convivencia en armonía, paz y justicia.

¡ Feliz día pueblo Peruano!
¡Feliz día PERÚ!

sábado, 17 de julio de 2010

EL HERMANO QUE SE CONVIRTIÓ

Parece que fue hoy cuando, en el umbral de mi puerta, apareció la esbelta figura del hermano Simón. Su cara de pellejo de zapote contradecía al elegante traje que vestía. “ ¡Qué borráu era el bandido! ¡Qué borráu!”. Vestía elegante con el cuello tiesito y la lengua de vaca que adornaba su pecho. ¡Carajo!— me dije— este borráu parece “evangelio”. Capaz viene a joder la paciencia.
—¡ Buenos días, hermano!— me dijo— Soy Simón Cruz de la ciudad de Talara.

Me dio la mano y sentí un friíto recorrer mi cuerpo. La suavidad de su mano me hizo soñar con una chinita venida de Lima. Era hermosa, de suaves manos que no se comparan con las manos hacheras de mi Jacinta.

—¿Es, usted, el señor Amancio?— esta pregunta desdibujó mi recuerdo.
— Sí, soy yo— le respondí— ¿qué se le ofrece?
— Samuel, su hijo, me envía a pasar unos días en su casa. Sabe, estoy de vacaciones y quisiera disfrutarlas en este pueblo que tiene un hermoso paisaje.
—¡Gua! ¿De vacaciones? Y ¡a mí qué me importa!— me dije— ¡Qué se habrá creído mi hijo! ¿Acaso, este hombre está acostumbráu a comer pescáu, yucas, a saborear la rica blanquita y dormir en tarimas de palo? ¡Qué descarado mi hijo! En qué lío me ha metido.

El hermano Simón rompió las costumbres de mi casa. Pa’ todo rezaba. A la hora de comer me hacía arder de rabia, pues tenía que escuchar un largo sermón: “Dios quiere esto, quiere lo otro... No se debe bailar porque los que bailan son diablos y los que toman chicha son coches”. ¡Qué cholo pa’ cojudo! ¿Cómo dejar mi chicha que me da fuerzas para hacer bailar mi lampita? ¡Ah! Y sobre todo pa’ ser cumplidor con mi china y cuajarle churres machazos. ¡Cómo no arder de rabia, cuando la invasión llegó a mi repisa?. Allí estaba mi Cautivito milagroso, mi Mechita, mi Fray Negrito y mi Patroncito del pueblo, Sagrado Corazón de Jesús, protector de nuestras chacritas.

—¡Qué es esto!— exclamó furioso el hermano— ¿No saben que estos son ídolos? ¡Saquen esto de aquí, antes que los rompa! ¡Arrójenlos a la basura! ¡Sólo debemos creer en Dios! ¡Nada más en Él!

Mi mujer, que complacía en todo al metiche, asustada cogió todos los santitos y los fue a botar al basural, ubicado a pocos metros de mi casa. Yo estaba dolido y mi china también. Pero, no nos resignamos a perderlos. En la madrugada, sin hacer ruido, me levanté y fui al basural. Allí estaban todavía, entre la basura. Los recogí, los apreté fuertemente contra mi pecho, los besé y lloré desfogando mi rabia. Volví a casa y los oculté cuidadosamente en mi cuarto: ¿Cómo iba a dejar en esa asquerosa basura a mis Santitos? ¿Cómo?...
Con el transcurrir del tiempo, por la actitud del hermano Simón, descubrí que era “Evangelista”; pues le había dicho a mi hijo: “No te preocupes, Samuel, yo rescataré a tu padre de la vida mundana que lleva, le expulsaré ese demonio borracho que tiene. ¡Yo lo convertiré!, Pues he vuelto a muchas ovejas descarriadas al camino del señor”. Sí ese era el fin que lo había traído y me conjudió que había venido de vacaciones. Desde ese momento me dije:

—¿Amancio, eres feliz con tus costumbres? ¿Eres feliz con tus creencias?
—¡Sí! Claro que sí, me siento feliz.
—Acaso con ellas ¿ofendes a tu Dios?
—¡No! De ninguna manera.
—Entonces ¿permitirás que ese borráu se salga con su gusto?
—¡Qué! ¡Eso nunca! Vamos a ver quién puede más...

Así comenzó nuestra disputa. La chacra fue el primer escenario de nuestras batallas, pues el hermano gustaba acompañarme. Pobre Simón; el “cabo” de la lampa hizo brotar de sus manos de hembra grandes ampollas, que reventaban produciéndole fuerte ardor. Pobre, no conocía el secreto de echarse saliva en las manos para no ampollarse. El sol colaneño, también, jugó un importante papel; sus ardientes rayos nos hacían sudar a chorros y secaba nuestras gargantas, produciéndonos una insaciable sed. Simón, con la mano, limpiámbase el sudor de la frente y me miraba de reojo queriéndome decir “Tengo sed”, pero no se atrevía. ¡Qué cholo pa’ terco! Prefería aguantar la sed, en vez de tomar la espumosa chichita que siempre llevaba en mi fiel calabazo. ¡Quería agua el muy...! Pero, yo, por joderlo; nunca llevaba agua a la chacra. Un día simulé ir a echar pasto a mi burrito, el hermano Simón miró a todos lados, dejó parada la lampa y fue hacia la alforja. Presuroso sacó el calabazo, lo levantó y le dio un largo sorbo. Muchos días hizo lo mismo. ¡Cómo se saboreaba el muy bandido! Hasta que un día me presenté ante él. Se sorprendió. Presuroso, con su mano, trató de borrar el bigote blanco que había sobre sus labios y me miró asustado.

—No se preocupe, hermano— le dije— siga nomás ¿Está rica verdad?— Simón sonrió y moviendo afirmativamente la cabeza reconoció que la chicha era sabrosa.
Un día asistimos a un matrimonio. Simón, el hermano, vestía elegante como el primer día en que llegó a mi casa.

—¡Qué viva los novios!— decían los invitados.

El novio se pavoneaba bailando con su linda cholita. Así, comenzó la fiesta: Los novios bailaron con toda su descendencia el tradicional “Danubio Azul”; luego vivieron las fotos, vino el brindis y se armó la jarana...

— Salud por los novios— se escuchaba decir.
Los potos de chicha pasaban de mano en mano haciendo entrar en calor a todos los invitados, que ya picaditos salían a bailar... Así entre tragos y baile transcurrió la fiesta.
A las 5 de la mañana del siguiente día, tocaron a mi puerta. Desperté asustado, miré a todos lados y me di cuenta que estaba en mi cuarto. No recordaba nada. Me levanté presuroso. Abrí la puerta.

— ¡Buenos días de Dios, don Amancio!— me saludó el ayudante del carro que va a Talara.
— ¡Buenos días!— le respondí.
— Don Amancio, ¿aquél hombre que está allá, no es el hermano Simón?— señaló, el ayudante, hacia la vereda en donde dormía un hombre. Corrí hacia allá. Grande fue mi sorpresa cuando descubrí que era el hermano Simón; roncaba fuerte “¡Dios mío, parecía un tractor!”. Trate de despertarlo, pero me fue imposible. El hermano Simón estaba borracho. Su ropa estaba chorreaba de chicha y su lengua de vaca ya no estaba en su lugar; se la habían robado. Miré al hermano de pies a cabeza y no pude contener la risa y me dije: “ ¡Ah, hermano! ¿Cómo decías que los que toman chicha son coches... y los que bailan son diablos?”... Todavía con la sonrisa entre los labios, miré al ayudante y le dije:
— Si ves a mi hijo Samuel, dile que me mande otro hermano, pero de esos que paren fuerte...

domingo, 9 de mayo de 2010

A las Madres del Mundo

A todas la madres del mundo, muchas felicidades en este día. ¡Gracias, madrecitas! por habernos dado la vida! ¡Gracias por habernos criado!¡Gracias por ser tan compresivas y de dar su preciada vida en moldearnos y hacernos personas de bien.¡Perdón por no comprenderlas, cuando nos reprenden para nuestro bien! ¡Perdón por no reconocer su sacrificio!¡perdón por no reconocer, su valía, cuando está en vida y recién lo hacemos cuando ya no están con nosotros! ¡Gracias madres del mundo, por ese bendito oficio de ser madres!

Gracias, Dios mío, por habernos dado un ser maravilloso que es el ángel guardián y protector de nuestros días. Béndicelas y dazle valor para enfrentar los sinsabores de este viejo mundo..

SUFRIMIENTO DE LAS MADRES DEL MUNDO

Hoy el cielo ha llorado,
ha llorado amargas gotas de agua
de ver angustia
en el sufrido rostro de una madre.

Ha llorado, sí, ha llorado.
Ha llorado de ver a la madre
ir de puerta en puerta
en busca del pan de cada día…
Pero esas puertas se cierran
y la madre se obliga
a vender sus aves,
a vender sus prendas
o a vender su fuerza de trabajo
que es lo único que le queda.

Hoy el cielo ha llorado,
ha llorado de ver a una madre,
de llegar a casa poco alimento;
mientras sus hijos, inocentes:
corretean, juegan y saltan de alegría,
y ella resignada saborea
la satisfacción de poder alimentarlos.

Hoy el cielo ha llorado.
Sí, ha llorado,
ha llorado de ser testigo
del sufrimiento cruel
de las madres de este mundo.

domingo, 18 de abril de 2010

“La muerte es cruel, es injusta”

La muerte es cruel, es impredecible y aparece en el momento menos pensado, es como un terremoto que llega abruptamente y arrasa todo lo que encuentra a su paso y deja dolor, miseria y destrucción. “La muerte es cruel, es injusta”— dicen algunos— se lleva a los más buenos, a los más trabajadores; a los que trascienden con sus acciones y que aún están en la primavera de la vida y vienen los porqué, los lamentos y clamamos a Dios exigiendo una explicación ¿Por qué, Señor, por qué? Y la blasfemia brota de nuestros corazones acusando a Dios de esta intempestiva muerte o dirigimos nuestro dedo acusador hacia los familiares, hacia los enemigos o amigos del difunto. ¿Quién será el culpable? …

La muerte empieza cuando nacemos, cada día que vivimos nos acercamos más a ella; un cumpleaños que celebramos, es un año menos de vida. Nadie supo cuando iba a nacer, ni sabe cuándo va a morir: puede ser hoy, puede ser mañana o, tal vez, pasado mañana. Nuestro tiempo de vida ya está escrito en El Libro de la Vida: así corramos o caminemos lento, ese día llegará. Pero muchos dice— ¿Por qué se van los que más queremos? Tan joven, tan buena gente, fue el mejor…

Después de la muerte vienen los elogios, vienen los reconocimientos y se le da el valor real a un ser humano. Pero ya es tarde; porque aquel cuerpo inerte, ya no escucha, ya no ve, ya no siente esas manifestaciones de cariño, que le pudieron dar un minuto de felicidad y endulzar un momento esta vida amarga, cruel o tal vez le pudo dar un minuto más de vida…

¿Por qué los humanos somos tan ingratos? …

AL MAESTRO QUE SE FUE

Rufino Ayala Rodríguez;
Te fuiste, como una estrella fugaz del firmamento
dejando angustia, tristeza y dolor.

Tu familia, tus alumnos y amigos,
No comprendemos tu partida intempestiva.
Tal vez fuimos ciegos al no ver
que tu vida se extinguía lentamente;
pero, tú, valiente te aferrabas a la vida
con la fortaleza de un hombre luchador.

Hoy consternados de dolor, recordamos
tu breve paso por la tierra.
Tal vez fuiste un ser incomprendido,
tal vez es tarde, reconocer tu gran valía.

Pero, hoy tu pueblo te valora.
Reconoce tu trabajo, tu humildad;
tu compromiso con la gente,
tu rol de padre y educador.
Pero, ya no ves, ya no escuchas:
¡Perdón, Rufino, perdón!

Rufino Ayala Rodríguez:
Hermano, amigo, maestro
¡ Descansa en paz!